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Investigación, Desarrollo e innovación o BLA – BLA - BLA

No son los países ricos los que más invierten en I+D+i, sino que los que más invierten en I+D+i se convierten en países más ricos. Esta frase la escuché el otro día en la celebración de los 5 años del Programa UC Empresa y refleja cómo en Chile, para hablar de innovación seguimos planteando frases bonitas sin mostrar resultados concretos.

Seguimos asistiendo a seminarios donde se habla que sólo el 0,7% del PIB se invierte en investigación y desarrollo, y que menos de un 20% de esa cifra proviene de la empresa privada. Mientras, en países desarrollados estos niveles llegan a casi un 3% y más del 64% de la inversión la hace la empresa privada.

En los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) aumentó fuertemente esta inversión en los años '90, llegando al 2,4% del PIB el 2000. Esa inversión llega al 2,7% en EE.UU., en Corea al 2,7% y al 3% en Japón. Países como Suecia y Finlandia invierten más del 3,5% de su PIB en I+D y la Unión Europea se ha puesto como meta llegar al 3% el 2010, partiendo del 1,9% actual.

Menos de mil empresas chilenas invierten en I+D+i y su vinculación con universidades es muy escasa, salvo en programas como UC Empresa. Si Chile no avanza en innovación y transferencia tecnológica, nos vamos a quedar atrás y nuestras ventajas competitivas desaparecerán tal como lo hizo el salitre en manos de la innovación de la época: el salitre sintético.

Notable son ejemplos de empresas, como Chilectra, donde la innovación viene desde sus propios empleados. Anualmente desarrollan concursos para ver cómo analizar sus procesos y buscar soluciones innovadoras. De ahí salió la idea de entrenar perros que descubrieran en las alcantarillas, cables en mal estado; como resultado, la compañía a disminuido notablemente sus niveles de pérdidas de energía.

La importancia de la innovación no está en que la palabra esté de moda. En los últimos 7 años, el crecimiento económico se ha explicado, en un 98%, por los factores capital y trabajo y casi nada por lo que se denomina la Productividad Total de Factores (PTF), o dicho en castellano, todas aquellas variables que explican el crecimiento que no corresponde a dinero o trabajadores.

En los 90, la época dorada de nuestra economía, más de un tercio del crecimiento se explicó por factores como la innovación, es decir, por industrias que mejoraron sus procesos, inventaron nuevas cepas de vino, mejoraron las tierras para las plantaciones de pino y tecnologizaron la producción de salmones hasta convertirnos en uno de los mayores exportadores. Hoy todo eso está hecho, lo que viene aún no se ha inventado, no se ha innovado, ni menos se ha pensado.

Si queremos volver a crecer a niveles del 7%, no basta con invertir más ni mejorar la productividad de nuestra fuerza laboral. Así seguiremos vendiendo cobre, salmón y árboles (celulosa) al resto del mundo a tasas de crecimiento del PIB que no superarán el 3%.

Por Juan Pablo Swett, gerente general de Trabajando.com



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